Catherine, en un principio, fue un videojuego muy engañoso. No me malentiendan. No fue culpa de Atlus que todo lo relacionado a él se malinterpretara, sino a los fans que sólo vieron el hermoso empaque femenino en el que venía envuelto.

No es para menos. Uno de los grandes atractivos de Catherine fue el planteamiento de dos bellas protagonistas, mismas que desencadenarían toda la felicidad -o desgracia- de un hombre: Vincent, un hombre de 32 años que no tiene muy claro lo que debería hacer con su vida.

Vincent es la representación promedio que vive uno de los procesos más serios y “duros” -hasta cierto punto- de una relación: el gran paso de formalizar una relación, dar el siguiente paso y contraer matrimonio.

La misma cara ponen algunos

Vamos, todo lo anterior no suena nada mal, de hecho, es algo a lo que muchos hombres y mujeres aspiran, sin embargo, aquí hay un factor muy importante: la presión social.

Katherine y Catherine: las dos caras de una relación

Advertencia: lo que estás a punto de leer, puede contener spoilers

Vincent mantiene una relación bastante duradera con Katherine (con K). Ella es una mujer trabajadora, no conformista, dedicada a lo que hace. Se mata trabajando para obtener todo lo que ella quiere, y claro, también se da tiempo para llevar una sana relación con su pareja.

Probablemente en estos momentos pienses, “¿Pues quién no querría estar con una persona así?” y es válido. A pesar de que los 30 años son un punto de madurez importante, no todas las personas pueden tener tanto control de su vida como quisieran, y ella parece hacerlo.

El único punto malo es que ella quiere casarse con Vincent, a la de ya. No para de repetirle a su pareja que su madre le ha preguntado en repetidas ocasiones cuándo sucederá. No deja que las cosas sucedan. No hay un espacio para ambos, sino que su papel es poner un poco en duda los ideales y el sentir del protagonista.

Y cabe destacar que es muy atractiva. Imagen: Atlus

Es importante hablar de Vincent. A pesar de que es despreocupado, se encuentra en un proceso de independencia de sus padres. Vive solo y le gusta hacer eso. Si quiere ir a beber algo, va y lo hace. Si quiere comer solo, simplemente lo hace, y su relación con Katherine no va mal, pero siente que formalizar las cosas matará por completo -o casi- su esencia de la libertad.

Vincent es como muchos hombres de la vida real. Alejémonos de los videojuegos. Actualmente hay muchas parejas que llevan más de 10 años juntas, pero que no se quieren casar. Viven juntos, comparten la cama, y el matrimonio no significa otra cosa más que un mero trámite. Vincent lo ve así, y teme por la estabilidad de su relación (y claro está, su estabilidad emocional).

Casarse para muchas personas no es tan importante como dedicarles tiempo y espacio. Casarse, para otras personas, lo es todo y sin un matrimonio, todas las buenas acciones que hay detrás de la relación es como si no existieran.

Suena rudo, y se pone más: Katherine le confiesa a Vincent que está embarazada. Ella, de inmediato, le cuenta acerca de todo lo que tendrán que hacer para poder mantener al bebé que viene en camino. “Tendrás que dejar de gastar tanto en ésto y en aquello”, y muchas más expresiones de ese mismo tipo emanan de su boca.

Atractiva y todo, pero seguro stalkea los likes de tus fotos. Imagen: Atlus

La presión para Vincent es como la de una olla de presión. Por supuesto, no puede reaccionar a la ligera. Un gesto, un comentario, frase que pueda mal interpretarse y todo, todo se irá al diablo. ¿Qué harías tú en su lugar?

La representación del deseo y la libertad

Si sigues pensando en qué hacer, no te preocupes: la mayoría no estaríamos preparados para tanto en tan poco tiempo. Lo más normal es hablarlo con los amigos, y es exactamente lo que Vincent hizo.

El bar Stray Sheep es el punto de reunión de nuestro protagonista con las personas importantes de su vida (incluida, por obvias razones, Katherine), pero además, es el lugar donde puede ser libre y ahogar sus penas en comida y alcohol (o nadar entre sus presiones).

Después de una noche de semi juerga, una misteriosa chica se presenta ante él. Ella es rubia, estatura promedio, esbelta y viste un revelador vestido blanco, índice de su buena salud y juventud. Muestra interés en él, y en el calor de las copas, terminan hablando de más.

La chica en cuestión se llama Catherine (sí, con C), y es la encargada de mostrarle a Vincent ese lado comprensivo que debería existir en todas las sanas relaciones, ese que, a pesar de que se sabe y entiende que son pareja, aún hay un espacio vital para el individualismo y para poder hacer cosas sin la otra persona.

Catherine es todo lo que Vincent quiere que sea Katherine (no en mal plan, sino en el sentido de respetar y comprender su esencia como persona), pero sabe que está mal idealizar a una persona, o, si quieres verlo de esta manera, que está mal presionar a tu pareja para ser “como tú quieres que sea”.

Lo que muchos piensan, pero tienen miedo a expresar. Imagen: Atlus

Y aquí es donde empieza la disyuntiva: ¿Te casarías por la presión social que tu pareja ejerce sobre ti? ¿Podrías dejar de lado la individualidad que tanto amas o iniciarías una nueva relación con alguien que piensa como tú?

El juego de las decisiones

Si bien al inicio de este artículo dijimos que Catherine engañó a muchas personas, es porque lo juzgaron antes de conocerlo. No en mal plan, sino que todos esperaban una novela llena de erotismo y desnudos parciales y/o totales, que si bien los hay, no son el centro de juego.

Atlus es una de las empresas que más amor le ponen a sus juegos, especialmente, a aquellos que se tratan de tomar decisiones y crear relaciones con otros personajes. Aquí, principalmente, las decisiones de peso recaen entre las chicas en cuestión: puedes elegir un camino a la “felicidad” con Katherine o una alternativa a la felicidad con Catherine.

Cada una de las decisiones que hagas tendrá un peso en una barra llamada Karma, y demostrará si tu consciencia está tranquila o si te estás dejando llevar por tus deseos. A mi parecer, ninguna está mal, pero no estaría de más actuar siempre y cuando no afectes a terceros.

Decisiones difíciles… Imagen: Atlus

Por supuesto, lo anterior implica que a una de las dos debas quedarle mal (SPOILER ALERT: igual puedes quedarle mal a las dos, pero tenerte a ti mismo), pero el planteamiento sigue siendo el mismo: ser egoísta y pensar en ti, o dejar de pensar en ti por completo para satisfacer a alguien más.

Catherine es más que un videojuego. Es un viaje por la vida adulta y por las relaciones de pareja, que para bien o para mal, nos va a tensar en cada uno de los minutos que decidamos dedicarle para completarlo y obtener alguno de sus ocho finales.

Hasta que la muerte nos separe

Catherine originalmente se lanzó para PlayStation 3 y Xbox 360 en el año 2011. Hoy, 14 de febrero, en el famoso Día del Amor y la Amistad en muchas regiones del mundo, se lanza una nueva versión del juego (Catherine: Full Body), con una tercera chica en cuestión, cuya función es expandir todavía más el panorama de Vincent para meterlo en problemas… quiero decir, para nuevas opciones que pueden hacerlo feliz.

¡¿Entonces habrá trío?!

Siempre he creído que si más parejas jugaran Catherine antes del matrimonio, habría menos divorcios. No es tanto por el lado de ver a cuál de las dos chicas le dan la razón, sino como un ejercicio para saber si realmente están respetando la individualidad de su pareja.

Las relaciones amorosas se tratan siempre de completar. De sumarle a la otra persona, no de restarle. De darle apoyo, no ser un ancla para las cosas que quiera hacer en solitario. Es posible crear un perfecto equilibrio entre la vida de pareja y la personalidad propia, ¿no lo crees?

Si bien Catherine no te dictará lo que debes hacer para casarte sin morir en el intento, al menos te hará pensar sobre el cómo estás llevando tu relación. Juégalo siendo completamente sincero en lo que decidas. No te arrepentirás.

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